martes, 7 de febrero de 2017

Línea Madrid.La militara.


Correspondiendo con el quinto ramal fijado en la concesión, El año 1885 se planteaba la conocida como “Línea  Madrid”. Con origen (como el resto de líneas) en  la plaza de la Constitución, actual Plaza de España, se unía con el tercer ramal (línea Bajo Aragón) enlazando así las estaciones de ferrocarril. Su recorrido se iniciaba por el Paseo de la Independencia, giraba a la derecha por la calle Cádiz, y continuaba por la plaza del Pueblo, hoy conocida como Plaza del Carmen, recorría la calle Soberanía Nacional, pasaba por delante del Hospital Provincial continuando su camino por la Calles Misericordia y Pignatelli, hasta salir a la plaza y puerta del Portillo. Después, rodeando la iglesia del Portillo, salía al Paseo de María Agustín y terminaba en el Campo del Sepulcro, en el patio de la Estación provisional de Madrid, situada a la izquierda del actual edificio Caixaforum.

Posteriormente en 1889 la Gerencia de la Sociedad solicitaba permiso para la prolongación de la línea para transporte de mercancías hasta la actualmente desaparecida estación de Cariñena  que se encontraba sita en la actual calle Santander. Tras modificar la solicitud inicial para el transporte de viajeros,  en el año 1891 se materializaría la prolongación.

La línea, proyectada en vía única, tenía, en origen, cinco apartaderos: Plaza de la Constitución, Hospital Provincial, Noviciado de Santa Ana, Iglesia del Portillo y estación de Campo Sepulcro. Más tarde se construirían otros: En la calle de Cádiz - que  provocaría protestas ciudadanas-  en la plaza de Toros, y en la estación de Cariñena.   

Pero volvamos a finales del año 1885, año en el que el Consejo de la Sociedad Los Tranvías de Zaragoza acordaba acometer las obras de la que sería la segunda línea en construirse, recordemos que la primera había sido la línea Bajo Aragón.

Se dio pues inicio a las obras en febrero de 1886 y tan solo un mes más tarde, a mediados de marzo, los raíles instalados llegaban ya a Campo del Sepulcro, finalizándose las obras en abril, aunque no sería hasta el 31 de mayo de 1886 cuando  comenzaran a circular los tranvías:

Los periódicos de la época así lo reflejaban el citado día:

 Hoy ha empezado la circulación del tranvía comprendido entre la Plaza de la Constitución y la Estación de Madrid. También van muy adelantados los trabajos del ramal, que desde la esquina de la Calle Cádiz, en la de la Independencia, ha de llegar a Torrero”. La Alianza aragonesa.

“Hoy han empezado a circular los tranvías en el nuevo ramal hasta la estación de Madrid. La Jefatura de obras públicas ha dado parte de que no están recibidas las obras y ha de suspenderse la circulación hasta cumplir con la formalidad”. La Derecha.

Esta mañana han visto circular varios carruajes de tranvía por el 5º ramal”. Diario de Zaragoza.

El tranvía de la línea Madrid era un tranvía casi por entero urbano que marchaba por calles estrechas y plazas irregulares y salía a las “afueras” por la desaparecida Puerta del Portillo.

García Mercadal lo definió como el tranvía militar, porque en él era habitual encontrarse hombres uniformados. Esto se debía a que dicha línea pasaba junto a varios acuartelamientos militares, como eran los de: Artillería, que se emplazaba donde actualmente está el Hotel Palafox, en la antigua calle Soberanía Nacional, llamada ahora calle Dr. Valcarreres Ortiz,  Pontoneros, cuyo edificio sigue conservándose en la calle Madre Rafols, Parque de Artillería en la calle Pignatelli, el Cid de Caballería junto a la Plaza de Toros, donde se ubica hoy el edificio de telefónica,  y cerca de Aljafería y Trinitarios en el Paseo María Agustín.

Además había gran afluencia de viajeros civiles por pasar también junto al Hospital provincial y a las estaciones de ferrocarril de Madrid y Cariñena. Para Mercadal, a diferencia de la línea Circunvalación que tenía horas punta, ésta de Madrid era una línea de constante trasiego, que aumentaba sólo en los días en que se celebraban festejos taurinos.

Debemos tener en cuenta que la ordenación urbana de aquella época en la zona que recorría el tranvía desde la Plaza del Portillo hasta la estación de Cariñena era muy distinta a la actual y que, por lo tanto, no existían la mayor parte de los edificios que ahora conocemos.

Como en ocasiones anteriores, ahora les vuelvo a invitar de nuevo a comprar un billete en el tranvía, o un abono en las oficinas de la Sociedad Los Tranvías de Zaragoza, en Plaza Constitución. Pagarán 0.15 cts. por el billete sencillo, que es la suma de los importes de los tres trayectos en los que se divide la línea que nos ocupa:

  • Plaza Constitución- Hospital Civil 0.05 cts.
  • Hospital Civil- Plaza de toros 0.05 cts.
  • Plaza de Toros- Estación de Madrid 0.05 cts.

En el lugar donde están ahora comprando su billete, también admiten a depósito “pequeños bultos a la mano”, servicio éste destinado a los viajeros que usan el servicio diario llamado “de estaciones”, es decir, que realizan viajes a alguna de las dos estaciones ya conectadas por el tranvía Bajo Aragón-Madrid.

Luego, aquí también, en la misma Plaza Constitución, vamos a esperar al tranvía. Esta línea está tan atestada que siempre se demora un poco. ¡Bien, ya viene! Hemos esperado 15 minutos,  el tiempo máximo de costumbre suelen ser 17 minutos aproximadamente, al menos no son los 30 que hay que esperar en la línea Arrabal ni los 56 de la línea circunvalación.
Autor: Estudio Coyne. Archivo Municipal de Zaragoza. 

 

Es uno de los coches ingleses. Nos montamos por la plataforma posterior cumpliendo así con lo aprobado en el reglamento. Hoy el cobrador está de buen humor, nos saluda amablemente y revisa nuestro billete, no tenemos asiento, ¡está hasta arriba! pasamos pues a la plataforma delantera a hacer compañía al cochero. Se trata de Jorge Cajal, que hace no mucho recogió en su tranvía un reloj de oro de la Sra. de Echenique, mujer de uno de los accionistas de la Sociedad,  y a quien por haberlo devuelto tan diligentemente el Consejo acordó consignarlo en su hoja de méritos y comunicarle por medio de la Gerencia la satisfacción con que se había visto por los Consejeros dicho acto de honradez. (Actas de Los Tranvías de Zaragoza 30 de Diciembre de 1892). Junto a Jorge tendremos una panorámica privilegiada del recorrido y podremos incluso arengar a las pobres mulas.
 
Tranvía de la línea Bajo Aragón Madrid. Fuente: Archivo Municipal de Zaragoza. Estudio Coyne. Paseo de Santa Engracia.
 

Autor: Levy et Cie 1889. Plaza Constitución.


 Dejamos a la derecha el Café Gambrinus con su terraza llena de gentes que observan cómo se aleja el tranvía. También la Diputación presidida por su reloj.
Autor: Levy et Cie. 1889. Plaza Constitución y Paseo de Santa Engracia.
 
 
Encaramos el Paseo de Santa Engracia, estamos girando, dejamos a la derecha la calle 5 de marzo, en la cual hay varios talleres y fábricas, entre ellos Bujías y fósforos “El  Cometa”, propiedad del Director de la compañía de tranvías, D. Modesto Torres Cervelló. Un poco más adelante giramos a la derecha por la calle Cádiz “el tranvía pasa encajonado entre un convento y unas míseras casuchas” (García Mercadal), hasta llegar a la Plaza del Pueblo, muy concurrida con su fuente y sus grandes acacias. Continuamos y dejamos el cuartel de artillería a nuestra izquierda y algo más adelante también una calle arbolada que termina en la Puerta del Carmen.

Fuente: Archivo Municipal de Zaragoza. Puerta del Carmen desde dentro.

Fuente:Archivo Municipal de Zaragoza. Puerta del Carmen desde fuera.
 
Rodeamos el Hospital Provincial “el tranvía es perseguido por un fuerte olor a yodoformo que arroja a su paso la farmacia del Hospital” (García Mercadal) y pasamos por la puerta del cuartel de Pontoneros, llamado de  Sangenis en honor al célebre ingeniero militar y Héroe de los Sitios.

Fuente: Adiós Zaragoza Antigua. 1890. Cuartel de Sangenis o Pontoneros.
 

Siguiendo nuestro camino vemos a un lado una construcción conventual. En el opuesto una elegante casa ya construida, y torciendo bruscamente junto a las verjas del Hospicio, conocido también como Real casa de la Misericordia y hoy como edificio Pignatelli, cruzamos ante la calle la Palma.

Continuamos, vemos la Plaza de toros y detrás, casi oculto, el cuartel de artillería. Damos un giro en la ancha Plaza del Portillo, rodeamos una de sus torres -aún está por terminar la iglesia- y salimos a la ronda.


Autor: Levy et Cie. 1889. En la imagen se distingue la curva realizada por la vía que rodea las torres de la Iglesia del Portillo,  desde la que se toma la fotografía. Se puede ver el nudo de calles que constituían el barrio de San Pablo cuando aún no existía la avenida Conde Aranda. Se observan  a la izquierda el hueco de la futura calle de Conde Aranda con la calle del Portillo al fondo y la tapia del convento de las Dominicas de la Anunciata, también la torre de El Gancho, las del Pilar y la Nueva, que sería demolida tres años después.

Fuente: Adiós Zaragoza Antigua. 1892. Girando la cámara hacia la derecha respecto a la foto anterior, y emplazados todavía en la torre de la iglesia del Portillo, contemplamos la Plaza de Toros, tras ella el hospicio y a la derecha el cuartel el Cid de Caballería.
 
A lo lejos vemos la Aljafería ceñida de una arboleda… (García Mercadal)

Autor: Levy et Cie. 1889. Aljafería.
unos carros cargados de carbón interrumpen por unos momentos la marcha del tranvía. Nos detenemos ante una fundición. Apartado el estorbo de los carros seguimos adelante por la línea extrema del Campo del Sepulcro” (García Mercadal)  preguntamos y nos informan de que se trata de la fundición de Averly.

Fuente: Adiós Zaragoza Antigua. 1900. Fundición de Antonio Averly. Salida de los trabajadores.
 

Nos queda poco para llegar al final de nuestro trayecto. Desde aquí ya vemos la estación y un tren que se aleja con un silbido prolongado.     

 
Estación de Campo Sepulcro construída en 1896.

 
Fuente: Adiós Zaragoza Antigua. 1887. Estación de Cariñena.


El 29 de agosto de 1891 se terminaba la prolongación de la línea desde la Estación de Madrid a la de Cariñena y dos días después se comenzó a dar servicio.
 
Por Nieves García-Arilla Oliver. Trabajo de hemeroteca y archivo Juan ANtonio Peña.

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